Estimado, o no, Sr. Analista

Estimado, o no, Sr. Analista (va todo junto, ¿verdad?):

Había pensado no contestarle, pero he pasado mala noche por algo que no me sentó bien y, con el mal humor, he decidido llevarme la contraria a mí mismo.

He de confesar que no entendí muy bien el último párrafo de su artículo. De primeras entendí que pensaba que en nuestro formación solo aceptábamos miembros heterosexuales y, la verdad, me chocó mucho (menuda errata, pensé para mí). Al poner «¿Se imaginan, por ejemplo, un coro en el que solo se admitieran miembros heterosexuales?» y a continuación «… pero nuestra isla, en cambio, cuenta con un reputado coro gay y estamos obligados a que ello nos parezca de lo más progresista…»? pues me lié. Pero después me aclararon que no está diciendo eso, si no que dice que en nuestro coro gay no admitimos miembros heterosexuales.

La verdad es que me hacía más ilusión lo de la errata, porque las equivocaciones son equivocaciones y para eso inventó Dios el Typex. Pero no, no es una errata.

Lamento (es broma: no solo no lo lamento sino que hasta me regocijo un poco) tener que comunicarle que en nuestro coro gay si admitimos heterosexuales. Y bisexuales. Y transexuales. Y muchos algosexuales más. Lo ponen nuestros estatutos, nuestra página web, nuestro facebook y un montón de las primeras entrevistas que tuvieron a bien realizarnos en varios y surtidos medios (como el Última Hora, mire usted). Espero que en su trabajo se documente mucho mejor a la hora de preparar los textos que necesite porque, en nuestro caso, su aseveración es totalmente mentira, falsa y (déjeme que consulte el diccionario) una patraña.
Actualmente tenemos entre nuestros miembros (perdón, he dicho miembros y me da la risa tonta) varios heterosexuales, incluso casados y con hijos. Para su tranquilidad le diré que las pruebas de acceso que debieron realizar no implicaron en ningún momento quitarse ropa alguna. También le informo de que no los acosamos y que tenemos buenas relaciones con sus respectivas familias: vienen con nosotros a los conciertos, a las cenas, a tomar vermú…
Para próximas ocasiones le aconsejo, muy sinceramente, que no se guíe solo por el nombre para juzgar/opinar/nosequéar las cosas. Nuestro coro es gay porque trabajamos por la visibilización positiva del colectivo LGTBI+ y por la integración total y plena en la sociedad. Cualquier hombre (eso sí, ¿vé? tienes que ser hombre para poder participar y no, no voy a explayarme aquí para explicarle por qué), repito, cualquier hombre que esté de acuerdo con estos ideales y le guste cantar y esas cosas que hacemos en el escenario es bienvenido.

Respecto al resto del artículo… Uf… No sé si tiene un buen diccionario a mano, pero debería de consultarlo para ver que es integración (y otras palabras). Integración es constituir un todo a partir de partes ausentes anteriormente (por ejemplo: un equipo de fútbol lo integran once jugadores). Naturalmente, esas partes no están obligadas en modo alguno a desaparecer como tal, ni a dejar su yo y su existencia para formar parte de ese todo (por ejemplo: Los hombres y las mujeres integran la sociedad en la que vivimos. Y los que no se identifican con ninguno de esos géneros, Y los que se identifican con los dos a la vez. O cualquier otra combinación posible). Por lo tanto, cuando uno se integra no pierde su visibilidad, y no hay contradicción para los que trabajamos por la integración y la normalidad. Quizás para esos que usted comenta que «supuestamente trabajan» si parezcan contradictorios, pero casi seguro que es más por el «supuestamente» que por otra cosa, porque «integración y visibilidad» no son nunca contrapuestos.
Sobre la vida íntima, pues sí, la verdad es que sí debería de ser irrelevante para los demás. Pero creo que confunde «vida íntima» con otras cosas. La verdad que me cuesta imaginarme procesiones de Semana Santa realizadas en el pasillo de una casa o que alguien no ponga la foto de su cónyuge en la mesa de trabajo o que presuma de hijoz sii los tiene (yo tengo gatos y lo hago). Definamos «vida íntima» y seguro que nos llevamos muchas sorpresas. De hecho, corríjame si me equivoco (que optimista, como si me fuera a leer), usted manifiesta su opinión (y, por ende, un poquiiito de su ideología) en el bonito artículo publicado ayer. Y la manifiesta de un modo bastante, bastante, bastante público y poco, poco, pero poco íntimo.
Le cuento, también, que la gente lleva siglos teniendo reductos donde aislarse del resto de la sociedad para poder estar en compañía de sus semejantes y poder realizar actividades de la vida corriente. Sin ir más lejos, en Palma tenemos unos maravillosos conventos de clausura, donde las hermanas viven recluidas del resto de la sociedad. Juro por lo que más quiero que nunca se me ocurriría tacharlas de «…bichos raros, al parecer incapaces de mezclarse con normalidad con aquellos que son diferentes a ellos.». Posiblemente usted sea un ser afortunado que nunca se ha visto acosado, golpeado o expulsado de un lugar por ser como es, pero los que sí hemos sufrido (y seguimos sufriendo) estos actos, vemos como un respiro tener lugares marcados como «seguros» (un poco como la iglesia y su asilo sagrado para los delincuentes y proscritos). Así que documéntese mejor sobre los cruceros gays (que le aseguro no le prohibirán el acceso) y los hoteles solo para mujeres y solo para hombres… (y solo para mayores de 18 años, que también los hay).
Le repito que el nombre no siempre es indicador de la realidad.

Con cariño
El Mallorca Gay Men’s Chorus, reputado coro masculino gay.

PD: me va a disculpar el testamento y el tono de broma y sarcasmo con el que he intentado empaparlo, pero las Divas somos así.

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